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2.14.2010

Me gustaría salir corriendo


Entonces, cuando las hojas cuadriculadas se disparan, los pájaros despegan coloridos entre el bullicio y el papel y los recuerdos de momentos congelados en polaroid. Los plumíferos de papel van con sus colores primarios derechito a meterse ahí donde no les incumbe con la excusa de los gritos tan molestos del pequeño, ya sabes. Y las burbujas impertinentes que se escapan por la puerta y se pierden transparentes, justo cuando podrían socorrerme de la inundación de afección púrpura, pero la puerta ya se cerró y el verde se puso a improvisar, ocultando los gritos del pequeño, las conversaciones de living room y los "plap" de las burbujas reventadas.

Lo peor es cuando llega a esas canciones viejas con letras perfectamente aplicables se cuelan entre las palabras irregulares que se desparraman, inconscientes de su propia desgracia, algo así como cuando das vuelta el café y todos se espantan y el mantel bordado y la mesa de la abuela.

Igual es un poco aburrido estar entre estas paredes tapizadas de arte y libros de culto, ventana-lmente luminosa y resbaladiza con pisos de madera, donde el bichito se come a la gente y no hay momento para huir de este soporífero espacio, reptante, vegetal, sofocante, viejisísimo y monótono al que llegué en tren, ahora que los boletos ya no son de cartón (qué tiempos!), un poco obligada por el verano y las llamadas insistentes.

1.11.2010

Debe ser el aire

Me gustan los cines, los grandes, los improvisados, los con paredes púrpuras y popcorn, los del sillón de tu casa y café.
Todos se sacan sus máscaras de tragedia griega y quedan tal cual son. Una cita privada entre ellos y una historia inventada. Dentro de esa maravillosa intimidad todos lloran, ríen, total, está obscuro y si te ven, entre tantas burbujas y olor a caramelo pronto lo olvidarán. Además, ellos igual lloran, y encuentran tan tristes las vidas de los personajes, pero no saben que en realidad están llorando las penas que no han llorando antes porque la máscara, ya sabes. Debe ser el aire que se respira ahí, los pálidos fotones que mueren al por mayor en una blanca pantalla, todo eso te atraviesa y empequeñece, te desnuda frente a ti mismo mientras comes popcorn cómodamente sentado en una butaca, el cine lleno y tú tan solo frente una realidad notanreal tan bonita.. .
Las lucen suben, todos vuelven en sí algo decepcionados por tener que despertar de aquel ensueño. Empiezan a hablar y se mueven como hormigas atareadas. Salen apurados por las amplias puertas, intentando olvidar rápido para no soñar tanto, pero siempre hay uno que se queda ahí, aferrado a la butaca como si fuera un salvavidas, uno que no quiere olvidar, quiere seguir soñando, contempla los crédito, resignado al fin, mientras la música revolotea, y en realidad, apenas ve los créditos como un halo redondo y luminoso que cambia al compás, mientras, temblorosas y tibias, las lágrimas caen entre incongruentes sonrisas.