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4.24.2013

pedacitos

Y extrañarte tanto aunque apenas
Pensar, cada minuto en el qué

Olvido todo menos tus palabras, quise contarte los lunares de la cara para poder pensar más en ti pero hasta eso olvidé. No puedo recordar tu risa, ni tus ojos, ni tus manos.


Aire frío en mi cara esta mañana. Como todas las mañanas. 
Si me fuese por otro camino quizá te encontraría. ¿Y entonces qué?

5.22.2011

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Ah, disculpá por no quererte así como me querés, por no confiar en ti, en alguien.
A veces me da vergüenza que seas tan bueno y que me querás tanto y que a mi me cueste tanto decirte bonito, decirte que te quiero, decirte todas las cosas, porque yo aún no aprendo hablar, no sé hablar. Y hace poco descubrí que no es tanto mi culpa, que la ausencia de palabras se salta una generación, que no es mi culpa que no salgan por la boca y se me escurran por los dedos.


Todas las cosas que no te digo las escribo con letra pequeñita en páginas sueltas (para que se pierdan). Sólo un poco, casi todo lo que no te digo lo pienso, yo te miro y pienso. 
Sos tan bueno. Es injusto que yo tenga miedo, que tenga tantas dudas, que tenga.


Te escribo porque tal vez no lo leerás nunca. Pero tenés que saber que te quiero, te quiero tanto. Es increíble, sos increíble. Serás mi libro favorito, serás todas las hojas que guardo, las plumas que tengo en la cabeza.






*

12.14.2010

.  sentir el ritmo, el viento. Tal vez caer. O subir. Los lentos pasos, miradas de reojo. Abajo adentro una sombra viva tiembla y brilla.Y cómo decírtelo, es casi morir un poco, una certeza de algo, una luciérnaga en la noche.
De golpe tus ojos, 
profundos 
marinos

ciegos. 


Los mueve una corriente inevitable, los llevan lejos. Y cuando sean tus ojos los que tienen la certeza no tendremos qué decir.


Morirse de nube, de viento, de nube en el viento y nada más.


Siempre es más, siempre hay algo más, algo que no te quiero decir, que no te diré nunca porque nunca aprendí a hablar. Porque no entendés mis palabras. Tenés una pelusa en el ojo. Una pelusa que el viento no quita. Que no me deja entrar.


El sentimiento de no estar del todo se queda, está pegado en todas partes, un olor aderido a la nariz. Entonces, tal vez este la lluvia como una salvación. Sí la lluvia. Que nos llueva luz por todos lados. Una lluvia tupida y húmeda que arruine los techos y los libros. Los atlas con todos los ríos del mundo, ríos verdes, serpenteantes, cristalinos, ríos metafísicos. Esos que nos atraviesan y nos llevan a sus profundidades. Entrar al río como mi mano en tu pelo. 


Ahogarme en el río para llegar a lo otro. Para que ninguna pelusa no me deje entrar. Porque ya no querré entrar, no estarán tus ojos ni los ríos ni la lluvia. Donde sólo lluvia y árboles y cielos limpios y nada de pelusas rojasazulesblancas por la ventana. 
Y ojalá lleguen las mariposas amarillas.