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12.30.2013

Ahora que te vi sé que es cierto, que la piel, que tus ojos. Nostalgia a la vuelta de la esquina, como siempre, pero esta vez no es mi imaginación. Creciste como un arbolito en cada uno de mis pedacitos de tierra, y tus raíces se metieron hasta lo más profundo, rompiendo, escarbando, sosteniendo.
En tu boca una puerta oscura, vuelo como pajarito herido hacia un refugio, tu oscuridad me acoge y reconforta, pero ya no hay oscuridad, ya no hay puerta, ya no hay tu boca ni la mia ni mucho menos las dos juntas. Las arañas van tejiendo esa red que me envuelve, todo porque los engranajes no se mueven más y el óxido y el tiempo y la humedad
detuslágrimas (pero sobre todo el tiempo y quizá la distancia) fueron los culpables. Ah, qué es esto aquí dentro, ocupa tanto espacio, el vacío, la falta. En cada recuerdo erguido con tinta en el cuarto de los espejos, estás como una hojita en mis libros, una hojita en mi cara, una más de las hojitas que decidió suicidarse para mi, hojas amontonadas, hojas muertas, putrefacción de la antes-vida, ¿qué hago sin el verde, sin tu sombra?

3.24.2013

El vaivén interior sigue ahí, la retrospectiva es siempre diferente. Extraño la simpleza, lo irresponsable. También el mar.
Desde mi agujero perdido observo, dejo a todos pasar porque no quiero que nadie se quede, váyanse todos de aquí, que hay más espacio si está vacío. Es inevitable, no sé como funciona esto, en realidad. La apatía me vence y no hago más que sentir cómo cambia la luz y la temperatura, olvido todo y mi humor varía. Debería concentrarme, como los demás, pero no quiero despertar aún. Soñar es más cómodo que hacer, dejo a mis sentidos regocijarse mientras muero, tal vez si me quedo quieta y dejo de aumentar la entropía universal, algo cambiaría. Tal vez si.... ah, para qué.

11.24.2012

enfermedades crónicas

Nostalgia anticipada, acumulada. Nostalgia crónica. 

Pienso en todo lo que no hice, en lo que (no) quiero hacer. Nunca habría pensado que te extrañaría. Descubrí que las madrugadas de cielos límpidos son las más frías, intento recordar, pero mi memoria es un agujero extraño, lleno de vacío.


Leo surrealismo y me gustaría que todas esas cosas me las dijeras tú algún día. Recuerdo tus latidos bajo mi mano, tus manos suaves, no sé cuál era el mensaje, no sé leer esas cosas.

 .     .     .     .     .     .     .     .     . 

Aquí adentro es como un mar que desborda por todos lados, incontenible. La marea sube, ahoga marineros y esconde los barcos en lo más recóndito del azul profundo mientras pienso, pienso y eso no me reconforta. Extraño la rutina que tanto odié, los pasillos y mi paso inseguro, la efusividad matutina, la somnolencia.


Todos los puntos de colores que quedaron en mi los miro con cariño, al agua me quema y se los lleva. 


Así está bien, es mejor, es mejor.

5.08.2010

histoires d'autrefois .

Y uno no se da ni cuenta de cuando llegó a la siguiente estación; de cómo olvidó el cuaderno en el asiento del tren.
Y es que tanto tiempo lo tuviste ahí, pegado al alma; te empapelaba con sus hojas secas y pensabas que todo estaba muy bien, que justo así, que quizá mañana de nuevo y parece increíble que alguna vez.
Siempre, siempre ahí; y así, sin más, queda atrás, luego de tanto escribirle, luego de tanto derramar tintas y acuarelas sobre el tiempo.
Es entonces cuando recordamos semisonrientes con cara de melancolía, las promesas que llegaban en papelitos post-it, el celofán de lo dulces en la playa y la sonrisas mudas entre muchas cabezas. El amor mirando desde una tacita de café; el precio de un silencio, la vuelta a casa por arboledas y gatos.
Y no había razones para pensarlo y mucho menos para entenderlo pero todo estaba bien así, todo estaba felizmente liquidado y lo que todavía quedaba por liquidar era cosa de tiempo.
O todo estaba equivocado, eso no tendría que haber sucedido ese día, era una inmunda jugada del ajedrez de sesenta piezas, la alegría inútil en mitad de la peor tristeza, una llave que abría la puerta, y en mitad de la alegría sentirse triste y sucio, con la piel cansada y los ojos inundados en neblina, oliendo a noche sin sueño, a ausencia culpable, a falta de distancia para comprender si había hecho bien todo lo que había estado haciendo o no haciendo esos días, aguantando la lluvia helada en la cara, la sensación de llevar en el bolsillo una mano que no era mía, un pedazo de noche, la alegría tan tarde o a lo mejor demasiado pronto, todavía inmerecida, pero entonces, tal vez, vielleicht, maybe, forse, peut-être, ah, a lo mejor.. . todavía se podía salir a la calle y seguir andando, una llave en el bolsillo, una vuelta de llave y entrar en otra cosa. A lo mejor todavía se puede ir a la librería y conseguir otro cuaderno, uno mucho más ligero, con un lapicito como los de papá, de esos con tintas de azules imposibles, un cuandernito así, para llenarlo con esas hojas que sueltan los árboles de la plaza en otoño y las florecitas que junté para tenerte entre mis dedos un momento, o aunque sea un pasito, una pelusa.


Y todo está bien así, sin que sea por ti.

2.16.2010

Ridículo


La cuestión es, que nunca se dijo algo, algo que todos quieren explicar un poco, pero tampoco lo harán, tan avergonzados de no-sé-qué. Esperando, más bien, exigiendo, una respuesta a una pregunta que no han formulado, que está prediseñada dentro de la cabeza, por ahí, dando vueltas.
Es tragicómico ver esta lucha callada contra nosotros mismos, esta lucha de la cual no estamos muy seguros, pero por si acaso. Y ese estamos es más por poesía que por verdad, que lo más probable es que peleemos solos cada uno, o no peleemos nada o quizás mentí(mos).
Y ya me aburrí un poco de esta incertidumbre, de la lejanía, del "Ausente". Hablamos en silencio mientras sacamos imposibles conclusiones de trasnoches sin hablarnos (estas contradicciones!). Ya me duele un poco ahí, donde están los sentimientos, apenas nos conocíamos y la vida ya urdía lo necesario para des-encontrarnos minuciosamente.
Para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos, entonces veíamos con las manos, como un vidente ciego, y como no hablábamos, se nos escurrían las ideas ridículas, un poco trastornados por todo lo que pasaba, ofuscados por el olor.
Pero siempre igual, un poco temerosos aceptarlo, por verlo.

Y las miradas secretas entre las multitudes nunca escapaban a la sonrisa, el único lugar donde se aceptaban un poquito más, seguros de que nadie los vería.