Y qué importaba estar parada al medio de la nada, estar sin paraguas bajo la lluvia, llevar horas atrasada y querer seguir ahí. Qué importaba que fuera tarde, que no supiera donde estaba, que apenas me quedara dinero si era como redimir todo aquello, una lenta lluvia de renuncias y respuestas.
Todo estaba muy bien así, cuando por fin se podía cerrar el libro con una sonrisa, empezar a olvidar un poco y a respirar mejor. Se te olvida, se nos olvida; se me olvida y así siempre va a estar bien.
Y era bonito poder perdonar así; dejar tantas cosas de lado ante aquellas confesiones de último minuto, tener otro motivo para sonreír en silencio cuando nadie mira.. . encontrándole el sentido a tantas horas de lo mismo, a esas nostalgias intermitentes de cuarto de hora cuando no había en qué más pensar.
Y quizás llegue el día en yo deje de tener pena y todo esto se vaya, todas estas frases las limpie un algodón remojado con colonia o un corrector de esos que ya vienen secos para no tener que esperar, pero con la colonia se vería más bonito, los colores del lapicero bien mezclados y etílicos, con mareos de inhalaciones y risas maníacas de que por fin se acabó .
Y quizá podía usarse un poco de lluvia para llorar entre medio; para reír-se de todo y gritar; para saltar y hacerle cariño a los perros . Y si levantas la mirada y ves miles de lucecitas caer (porquesiempreloquisisteasí) y un poco para copiarle a la señora que escribió ese libro tan bonito que casi nadie lee, y ahí está lo triste de nuevo, siempre está.
Y además todos los días deberían ser así, para estar más triste, para no hablar tanto, y tener siempre más frío.
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5.23.2010
3.18.2010
(sin) fiebre
Y por decirlo de alguna forma
(y no como tiene que ser)
es como enfermarse con uno de esos resfriados con amígdalas
inflamadas
e Ibuprofeno cada ocho horas (7:OO - 15:OO - 23:OO) por tres días
como dijo el doctor.
De esos que te duran una semana y después se te pasan y
quedas inmune por un rato, pero te rascas la nariz igual y ya no tienes mocos porque la semana ya se esfuma entre tus manos con pañuelos suevecitos para que no duela la nariz,
que al final igual te duele montones y está roja.
Y para qué hablamos de tiempo si sé que jamás duró sólo una semana
siempre era un tiempo eterno porque no llevo la cuenta jamás.
Y siempre me enfermo en el momento menos indicado,
ese momento que queda marcado con rotuladores de colores en la linea de vida con
su respectiva música de fondo y olores y lugares, todos
bien contaminados, donde quizá otros también enfermaron, y quién
sabe cuantos pasaron alguna vez por ahí, alucinados por la fiebre,
pensando que no eran de este mundo y que la cámara lenta porque
era más bonito&alamoda y
al final vomitando cada pedazo de los otros días,
por suerte que ya pude vomitar(te).
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3.13.2010
Tonta
Y es una estupidez, una sucesión de tonterías, las promesas que no me cumplo, me voy traicionando de a poco y es que simplemente no puedo, es inevitable, una piedra con la que me gusta tropezar. Y cada tarde, cada noche que no puedo dormir, cada vez que despierto, me sorprendo pensando lo mismo, evocando los mismos recuerdos tan absurdos e inventado otros tantos imposibles, pensando por qué no, por qué así y no de otra manera.
Y escribo esto porque no sé, porque a lo mejor me equivoco, porque a lo mejor estoy enferma o un poco idiota, no mucho, un poco, pero eso es terrible; entonces me acuerdo de nuevo, y me enojo, un poco contigo, pero más por mí y es que estoy decidida a no, pero igual otra vez y otra vez y detesto todo esto.
Y lo dijimos, un poco tarde, sí, pero ya no sé si fue verdad, pareciera que no estás, ya no sé si creerte, siempre tan ahí, al alcance de la mano, pero tan lejos, siempre lejos, como de una caja de cristal a otra, mirarse, aislarse, mirarse: eso era todo.
2.26.2010
.
Lo absurdo no son las cosas, lo absurdo es que las cosas estén ahí y las sintamos como absurdas. A mí se me escapa la relación que hay entre yo y esto que me está pasando en este momento. No te niego que me está pasando. Vaya si me pasa. Y eso es lo absurdo.
Ay, no sé. De cuando en vez me sorprendo intermitente, tornasol; yo, con mis candados y mis llaves de aire, yo, que escribo con humo. No hay sustancias más letales que esas que se cuelan por cualquier parte, que se respiran sin saberlo.
Sabiendo que pienso en ti obstinadamente, como una ciega máquina, como la cifra que repite interminablemente el gongo de la fiebre, el loco que cobija su paloma en la mano, acariciándola hora a hora hasta mezclar los dedos y las plumas en una sola miga de ternura. Creo que sospecharás esto que ocurre, como yo te presiento a la distancia en tu ciudad, volviendo del paseo donde quizá juntases la misma florecita, un poco por botánica, un poco porque aquí, porque es preciso que no estemos tan solos, que nos demos un pétalo, aunque sea un pasito, una pelusa.
Me diste el frío, la distancia, el amargo café de medianoche entre mesas vacías. Siempre empezó a llover en la mitad de la película, creo que lo sabías y que favoreciste la desgracia. Todo lo que de vos quisiera es tan poco en el fondo porque en el fondo es todo, todo eso es tan poco; yo lo quiero de vos porque te quiero.
Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo, pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese pelo lacio, esa sonrisa.
Además te quiero, y hace tiempo y frío.
Además te quiero, y hace tiempo y frío.
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